Universidad 100%
en Línea
Universidad Mexicana en Línea – CUED

"Estudia en línea y cambia tu vida"

De iconoclastas y dragones

Usted está en: Inicio > Blog > De iconoclastas y dragones
Número de visitas: 1089
De iconoclastas y dragones

Por Dr. Carlos Barra Moulain

Catedrático del Centro Universitario de Educación a Distancia, A.C.

 Nada desprovisto de imagen, al menos en nuestra especie, pero ello no se debe sólo al campo visual que dentro del conocimiento sensible parece abarcar un radio de acción significativo.

 Desde el empirismo temprano, hasta los procesos de inducción y deducción, la imagen parece erigirse en la consistencia de interiorización primaria que cobra sentido a través del otro, desde la etapa oral hasta la industrial, pero en todo ello, la construcción de la realidad y por tanto de la imagen-semántica, cobra esencia como producto de una construcción social, esta es la forma temprana del conocimiento sin adjetivos.

La imagen es percepción, pero no percepción pura sino social, en ella la semántica abre camino a la interacción, la imagen se vuelve significado cuando interactúa a través del propósito, el propósito es en esencia la significación social; rojo, horizonte, ciencia, arte, ecuación, todos ellos propósitos que no sólo denotan pragmatismo, sino también, sentido y desde luego causal.

La hipótesis de fondo aquí es la imagen y su razón causal, donde el criterio de causalidad parece darle sentido a la imagen, pero también a la abstracción como aislacionismo intencionado de la propia causalidad; distingo el género ante la imagen y la represento en la causalidad, puede ser desde el género, femenino o masculino, o bien, desde el artículo él o ella.

Pero, sí no hay género o artículo, ¿cómo respondo al problema de la ubicación de la realidad?, Heidegger lo solucionó a través de la imagen-semántica, “todo preguntar es un buscar”, en este trayecto aparece la descripción primaria del objeto-realidad a través de la pregunta ¿qué es eso?, de aquí la construcción social que de una realidad-objeto no determinado, que iniciaría con la exploración empírica para establecer un juicio analítico que ubique al nuevo objeto-realidad para acercarlo a la comprensión y determinar causalidad y desprender uso.

Abundemos en algo, no se vuelve construcción social aquello que no se puede plantear, aquello que no recupera en la imagen-realidad ni siquiera el contra valor de la negación del criterio de verdad. Pongámoslo así, un fantasma, cuestión discutible desde la agnosia, porque no está probada su esencia-existencia, o bien, admitida científicamente o a ciencia cierta, describiría la posibilidad de comprensión desde la refutación hasta los planteamientos que dan cabida a la fantasía; esto implica de todos modos, que la imagen-realidad sigue pesando en la construcción social porque de todas forma la fantasía fantasma, se vuelve inteligible o comprensible a través de la negación de la verdad y por supuesto por la refutación de la verdad.

Aquí la primera objeción de duda religiosa, los iconoclastas refutaron el uso y adoración de imágenes sacras, pero la contradicción primaria es esto mismo, refutar desde lo sacro en defensa de lo sacro lo sacro, la cuestión no es una paráfrasis mal intencionada, sino el proceso discriminatorio del concepto de validez y criterio de verdad. Sé esto asemeja un laberinto, la solución se encuentra en que una tabla de verdad asumiría a la negación de la negación como la verdad inequívoca, por lo que el iconoclasta y los dragones, son la imposibilidad de sostener el criterio de verdad.

Los dragones me han fascinado siempre, juegan con mi fantasía, pero al no existir un criterio de validez que afirme su existencia, afianzan mi credibilidad en lo contrario, son seres capaces de emocionar a una imaginación proclive a la fantasía, pero el fuego de los dragones se extingue como las imágenes de los iconoclastas, esta es la esencia de la respuesta al acertijo de fondo.

El dilema de la fantasía es el dolor, el “yo pienso, no es el yo quiero”, ni viceversa, en todo caso, la fantasía a nivel psíquico suele tratar de sustituir a la realidad concreta e inclusive abstracta, es una negación admitida para y por la temporalidad de la realidad inmediata; entonces, un niño daría cabida al dragón en tanto dura el juego-fantasía, pero una vez que un mayor suspenda el juego, al tener que desaparecer al dragón momentáneamente, surgiría el dolor en la mente del niño en dos dimensiones directas, primero, porque el juego fue interrumpido y, en segundo acto, porque el dragón sólo está en cuánto la cronología del juego lo permite, al contacto con la realidad desaparece.

Aquí la crisis de la razón suele ser superada, al igual que el iconoclasta, el dragón en la fantasía del niño, da paso a la realidad como criterio de verdad, sólo que mientras en el iconoclasta seguirá viva o al menos latente la contradicción de lo que considera que es el criterio de verdad del Dios verdadero y único, en el niño, la fantasía podrá controlarse e inclusive desaparecer para afirmar el criterio de validez y de verdad, cuestión que perfila al contacto con la realidad como el inicio del laberinto en la construcción social.

Segunda objeción, el iconoclasta pretende no ser dogmático, pero en realidad no puede dejar de serlo ni buscar una explicación racional en “estricto sensu”, ello, porque la verdad que defiende es en sí misma un dogma y su mejor defensa no está en la razón causal, ni puede estarlo allí, debe encontrarse en el sentimiento y en la percepción ininteligible, en ella es donde está su defensa.

El niño y el dragón, solucionan el problema casi en el acto, la fantasía es la piel del juego y por lo tanto, el dragón no tiene criterio de validez en todos los ámbitos, solo en el juego, por lo tanto a diferencia del iconoclasta que defiende a Dios, el niño no necesita defender al dragón porque su vida o existencia se encuentra sólo en el espacio-juego, que nadie censura y en especial los adultos porque la frontera de la realidad impone la constataste extinción del dragón una vez que termina el juego.

Parece que la ciencia cierta es eso, el criterio de validez que se funda en la búsqueda de la verdad, hacen del iconoclasta el intento fallido de la búsqueda de lo racional a través de un juicio o juicios dogmáticos, mientras que el niño y el dragón no requieren criterio de validez, porque la construcción social de la realidad, al juego le concede un espacio sui géneris de validad, en tanto a juego, pero no como explicación de la vida o existencia.

Dr. Carlos Barra Moulain / Centro Universitario de Educación a Distancia, A.C. / www.cued.mx

Editor CUED

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Loading Facebook Comments ...