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De la tarea, congruencia y valores

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De la tarea, congruencia y valores

De la tarea, congruencia y valores

La tarea es un concepto tan antiguo como el de la escuela, en 1095 d.C. en Venecia, un profesor de escuela, Roberto Nevilis, se encontraba ante la incapacidad de impartir el contenido de clase que él juzgaba importante, entonces en un momento de genialidad inventó la tarea como una manera de que sus alumnos pusieran en práctica lo que habían aprendido en clase.

Desgraciadamente la tarea ya no cumple el mismo propósito con el que fue concebida. Lejos de tener un plan estructurado para generar una mayor asimilación del material y concretar la parte práctica que es fundamental para aprender significativamente, la tarea se ha convertido en una forma de castigar a los educandos por exhibir una conducta que a los ojos del profesor no es adecuada.

El ser humano es capaz de aprender cualquier cosa, bajo condiciones ideales y estas condiciones sólo puede generarlas el binomio de la educación por excelencia el profesor y el alumno, la congruencia del profesor(a) coadyuva a la confianza y apertura de sus alumnos para aprender, asignar tarea-castigo genera la misma incongruencia que los padres que prometen a sus hijos un viaje a “six flags” si sacan 10 y después convenientemente lo olvidan.

La congruencia es una pieza fundamental al momento de evaluar la tarea que se asignó, en un estudio independiente realizado por una universidad privada en el Estado de México en 2004, se encontró que sólo 14% de la tarea asignada recibía una evaluación “adecuada”, más allá de sólo poner una firma o sellito. Cuando un niño entiende que su profesor leerá su tarea y le dará la importancia que se merece, se esmerará más por realizar la tarea, cumpliendo el fin para el que fue asignada en primera instancia.

Los profesores generalmente se quejan que tienen mucho trabajo y entre los libros de texto y las demás tareas no podrían revisarlo todo. Por una parte tienen razón, por otra parte los profesores y profesoras en este país deberían entender que su labor trasciende el aula de clases y se extiende a sus personas privadas. Es ilusorio pensar que el profesor es sólo profesor de la puerta de su aula hacía adentro, simplemente no funciona así, ser profesor es un estilo de vida, es un llamado vocacional y no una actividad puramente económica.

La educación en México tiene un enfoque tradicionalista, conformista, simulador y francamente inútil. Asignar culpas resulta en un ejercicio ocioso. Más que tratarse de una líder malévola con tendencias de hechicera, se trata de un esquema repetidor de incongruencias, inconsistencias y desinterés. Los planes de estudio rara vez tienen el enfoque de la comunidad que los estudia, creando una inadecuación del paradigma que en ocasiones resulta insalvable.

Los libros de texto gratuitos, que nacieron de un noble y reformador proyecto, han estado “viciados” desde el inicio para comunicar la versión de los “ganadores”, motivo por el cual las escuelas particulares, por lo general, los hacen a un lado. Los libros de texto en general, tienen el mismo problema que enfrentan los programas de estudio, fueron escritos para una realidad, un estilo de vida, un contexto social y cultural y muchas veces este no es aplicable a quienes los estudian.

Cualquiera que entienda de procesos educativos entenderá que el referente cultural y social que tiene un educando es la base sobre la cual se construye todo conocimiento futuro, me preguntó, en un tono casi bíblico… ¿por qué insistimos en querer construir sobre la arena?

La forma en la que los libros de texto y los planes y programas de estudio son adecuados al grupo que finalmente los estudia, depende enteramente de los profesores. La verdadera inversión entonces debería hacerse en prepararlos, capacitarlos y certificarlos. El asunto es que capacitarse como profesor no puede ser un curso de 4 fines de semana al mes cuatro meses al año, un profesor de calidad tiene pasión por su actividad, está motivado y se ha perfilado a trabajar en su área prácticamente toda su vida, salvo por sus decorosas excepciones.

Los profesores improvisados, sin capacitación, que buscan únicamente un trabajo “fácil” y “constante”, son tanto o más tóxicos para los niños que tener malos padres porque generan apatía y hastío en los educandos invitando a la banalidad, trivialidad y el absurdo de los medios masivos parezca más entretenido que aprender. No nos equivoquemos, el miedo que le tenemos a las matemáticas, los idiomas, la física, etc. tiene que ver con la influencia de malos profesores en momentos donde buenos profesores pudieron habernos proyectado más.

Volviendo al tema…

La tarea es un símbolo, es la manera en la que los padres miden los conocimientos de sus hijos sin tener realmente que saber qué tanto están viendo en realidad. En escuelas públicas, donde las profesoras del “método”, las estrictas, las duras, las que vuelven a los niños “aplicados” cobran cuotas arbitrarias, viven el esquema simulador que tomaron prestado de las particulares, es decir, ya que les cobramos cuotas a los padres, dejemos tareas a los niños para que sepan que estamos trabajando, sin olvidar el viejo dogma “todos los libros se terminan”. En este paradigma asumimos que los padres quieren conocer los progresos de sus hijos y las escuelas quieren demostrarlos.

¿Quién realmente sale perdiendo? : LOS NIÑOS

Porque ni la tarea excesiva, ni el festival de la escuela demuestran que el niño haya realmente aprendido a pensar, a resolver problemas que le ayuden a ser un ser humano independiente, ni que aprendió compasión, tolerancia, justicia, etc. Todo lo que un niño pudo o no aprender se resume en la montaña de libros y cuadernos de tarea que los profesores no leen, en la declamación coral que nadie entiende, en cantar gracias mamá o bailar en un escenario improvisado. El verdadero aprendizaje es difícil de cuantificar, se trata de instantes significativos que veremos a nuestros hijos reproducir cuando menos lo esperemos, no en resultados de examen que dependen de la memoria o la presión e insistencia de los padres.

Aunque los niños se ven encantadores en los “open house” haciendo dinámicas de grupo y participando con sus papás, eso tampoco es la educación. En ambos casos los profesores, subdirectores, directores(as) montan un “show” para los padres de familia que tiene como único propósito entretenerlos, causando en sus hijos, que todo lo entienden, una revoltura tremenda de valores e interaccionismo simbólico.

Un niño que fue aleccionado para dar un “show” es un niño que aprendió que simular es aceptable, es correcto, los adultos lo hacen “porque yo no”, más allá, los niños entienden como sus propios padres lo saben y fingen que todo está bien. La conducta a reproducir viene orientada al desarrollo de habilidades, la habilidad de fingir.

Admito, no todos los festivales son una pérdida de tiempo, pero en la edad en la que los niños son más susceptibles de imitar conductas, es necesario enseñarles bien.

¿Qué significa enseñarles bien?

Significa que los valores no se enseñan pegados en cartulinas en el periódico mural del colegio, los valores se enseñan de forma vivencial, un niño aprende por imitación, ya sea que lo sepa o no. Si el niño aprende que su profesor(a) desperdicia el tiempo, no tiene su clase preparada, usa la tarea como un castigo, la directora ordena que se laven los salones “a fondo” porque al día siguiente vienen los papás, ¿qué clase de adulto estamos creando?

Un adulto perezoso, incapaz de hacer un uso adecuado de su tiempo, sin creatividad y que ante cualquier vicisitud mentirá, manipulará y se victimizara, fingirá para evitar regaños, más trabajo, etc. El compromiso, el respeto, la tolerancia, la justicia, la prudencia, la templanza, no son conceptos abstractos para poner en frasecitas de letras recortadas, son expresiones humanas vivas creadas a partir de los hábitos, es decir la repetición de actos y la positiva retroalimentación.

La tarea debe ser un reto para un niño, un reto a su medida que lo motive y despierte en él las ganas de saber más, hacer algo y hasta inventar algo. La tarea no puede tratarse de llenar los libros en casa, porque la profesora no pudo hacer un uso adecuado de su tiempo, más allá los libros no pueden ser el negocio “lateral” de las escuelas, hacer por hacer es igual o más nocivo que no hacer.

Las escuelas públicas y privadas lucran con los libros de texto, con los libros de inglés, algebra, etc. las editoriales venden a buen precio a las escuelas y éstas a su vez revenden a sus alumnos a precios inflados. El absurdo viene cuando las escuelas hacen venta una vez al año y en una economía tan estancada, los padres acuerdan con otros padres reciclar los libros de los grandes y pasarlos a los pequeños y así evitar el gasto; Al final nuestros niños aprenden en libros tachonados y viejos, que el profesor no va a leer, sólo lo verá y pondrá una palomita en su lista y vuelta a simular.

Las tareas son herramientas, los libros de texto fuente de conocimiento y herramientas también para desarrollar instantes pedagógicos que según el grupo, según el alumno, coadyuven en el desarrollo de un ser humano integral. La actitud del profesor es determinante, su conducta y modo de vivir es ejemplo, las políticas de las escuelas se convierten en las reglas de vida, seamos responsables, seamos congruentes.

Aprendemos cuándo aquello que se nos pretende enseñar tiene sentido despierta en nosotros una curiosidad otrora aletargada, nuestro ánimo cambia y se reestablece el sentido de propósito que nos convierte en seres creadores y agentes del cambio.

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