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El abandono escolar: una teoría alternativa

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El abandono escolar: una teoría alternativa

Desde hace varias décadas el fenómeno de la deserción escolar en México ha sido atribuido a una multitud de factores exógenos al aula de clase, como los ingresos económicos, la familia, la televisión, la cultura (en general), las drogas, los videojuegos, en fin. Sin embargo no parece haber gran preocupación por lo que acaece dentro de los sistemas educativos en los distintos niveles y, lo que quizá, sea la principal causa de deserción escolar: la escuela es aburrida, es injusta y no tiene sentido.

El fenómeno de la deserción escolar ha sido ampliamente debatido, analizado y teorizado cuantitativamente por todas las autoridades competentes e incompetentes, el fenómeno parecería estar acotado, entendido y en proceso de ser cambiado; sin embargo nada podría estar más alejado de la realidad, los estudiantes y los profesores siguen siendo abstracciones en un constructo, no personas que sienten y viven en una realidad concreta.

La escuela es aburrida

Estudiar por estudiar es aburrido, estudiar por obligación durante ocho horas al día es tremendamente aburrido, no sólo para los estudiantes sino también para los profesores. La educación a nivel básico se basa en un modelo anacrónico que asemeja a una guardería más que a un lugar de aprendizaje, la lógica detrás de la política de la “escuela de tiempo completo” es aumentar horas clase y aumentar los contenidos, en su mayoría innecesarios, y esperar lo mejor olvidando que la escuela se convierte en un fastidio para todos los involucrados.

Para el momento en el que un niño llega al bachillerato ha sido saturado de unas 8,000 horas de contenidos teóricos que, a menudo, tienen poca o ninguna relación con la vida real. Comencemos por entender que no todos aprendemos igual, algunos aprenden más fácilmente cuando escuchan, otros cuando leen, otros cuando hacen y otros cuando explican, sin embargo el método es el mismo para todos, los contenidos son los mismos para todos y se asume que todos aprenderán igual, como si se ensamblarán muñecos en una correa transportadora.

Según los expertos en ambientes educativos, aprender se posibilita cuando un niño se siente seguro, confiado y se atreve a cometer errores (sin temor al ridículo). Sin embargo, los chicos curiosos con preguntas difíciles, a menudo, resultan incomodos para un sistema que pretende que un niño pase ocho horas al día callado con la mirada al frente, tomando dictado, completando planas de oraciones y memorizando datos para contestar un examen con información que olvidará después.

Para posibilitar el aprendizaje, el profesor debe despertar la curiosidad sobre cada uno de los temas que imparte, involucrando a sus alumnos en la construcción de su propio aprendizaje sin pasar por alto que los niños y los jóvenes quieren divertirse y quieren jugar. Hacer el aprendizaje divertido (lúdico) involucra un mayor esfuerzo de parte del profesor, involucra creatividad y espontaneidad, lo mismo que estar conectado con los temas (contexto cultural) que a los niños y jóvenes les interesan.

… y si es tan fácil ¿por qué no lo hacen?

Por desgracia el claustro docente en México se integra, en general, de personajes advenedizos sin la experiencia o los conocimientos necesarios para ejercer la función docente y nadie puede enseñar lo que no sabe. Ya sea por necesidad o por mantener la tradición familiar (plazas hereditarias), educar es “una chamba” como cualquier otra y se asume que cualquiera puede hacerlo y nada es más equivocado.

Educar involucra una responsabilidad ética aunada a una vocación de servicio, los profesores apasionados de su labor docente serán, indudablemente, preferibles a los que sólo cumplen con su “chamba”. Nadie puede enseñar lo que no le parece interesante, lo que nos conduce a otro problema: cumplir con planes y programas de estudio que están desconectados de la realidad de los niños y jóvenes mexicanos tanto como de la realidad de los profesores que tienen la responsabilidad de impartirlos y que conduce, irremediablemente, al fracaso y la simulación.

La deserción escolar sistémica

El fenómeno de la deserción o abandono de estudios es típico de un sistema educativo sin objetivos, obsesionado con contar, pesar y medir un objeto que es, en esencia, no susceptible de medición: el aprendizaje. Por décadas, padres de familia, profesores y alumnos han entendido que ser el mejor en calificaciones no es sinónimo de éxito en la vida real y se refleja en la actitud general que demuestran alumnos y padres de familia a nivel medio superior y superior y que convierte a la escuela en un trámite.

En los primeros años de escuela los padres de familia se involucran en las actividades escolares de sus hijos, sin embargo, a medida que sus hijos crecen se desvinculan de ellas porque también ellos están fastidiados de ver “bailables” y “declamaciones de poesía coral”, para el momento en que sus hijos están en secundaria y/o bachillerato el desinterés se intensifica hasta desconectarse totalmente. Cuando vuelven a involucrarse es para enterarse que su hijo o hija está reprobando todo.

México tiene el porcentaje más alto de jóvenes entre 15 y 18 años de edad que abandonan la escuela de los 34 países que integran la OCDE, según el estudio “panorama de la educación 2013”. Según la OCDE cerca del 65% de todos los jóvenes que ingresan al bachillerato abandonan sus estudios sólo 4 años después de haber concluido la secundaria. Lo que resulta preocupante es que la Secretaria de Educación Pública no tiene ni idea de qué está generando este fenómeno.

Recientemente la SEP afirmó que implementará una serie de estrategias para reducir la tasa de deserción escolar en los próximos años a menos del 9 por ciento. Lo que significa ¿qué?, ¿van a amarrar a los alumnos a sus pupitres? o ¿les vamos a pagar a los chicos para motivarlos?, ¿qué?

¿Por qué reprueban?

La respuesta simple es: porque no les interesa. Estudios recientes han demostrado que el cerebro de un adolescente funciona de manera distinta, está “diseñado” para formar conexiones emocionales profundas y buscarle sentido a todo lo que se le cruza en frente, pensar en el presente, olvidar el pasado y no considerar el futuro. Cuando educamos con la misma “formula” a nuestros jóvenes los alienamos de los contenidos y de las aulas porque la educación carece de sentido para ellos.

Los adolescentes exageran sus problemas, racionalizan su responsabilidad y funcionan en la modalidad “todo o nada”, sin embargo están ávidos de conocimientos, se están inventando a sí mismos y quieren responsabilidad, confianza y libertad, tienen una curiosidad natural que siendo bien encausada los convertirá en seres humanos creativos y útiles.

La deserción escolar endémica

Los contenidos son aburridos y los “profes” también, ahora agreguemos soportar las reglas injustas de los directores de algunas escuelas y la escuela se convierte en un infierno. Asumamos que cada director(a) de escuela ejerce su propio y personal estilo de gestión o cacicazgo educativo. Las inspecciones de la Secretaria de Educación Pública son esporádicas o nulas y a menudo se centran en los procesos administrativos y dejan de lado la calidad académica. Los problemas dentro de las escuelas son de la competencia exclusiva de las autoridades escolares, que generalmente operan sin controles.

Así entonces, tendremos escuelas con la política de defender al profesor(a) de los padres de familia y/o los alumnos, y otras escuelas donde el alumno y/o los padres de familia siempre tienen la razón. Extremos opuestos del mismo problema, los adolescentes se involucran en causas perdidas, se distraen, buscan su propia y personal forma de lo que es “justo” y las escuelas, en general, son injustas.

Por ejemplo, Adriana recibe una copia del examen del profesor de matemáticas de manos de su amiga Gabriela quien le asegura que todo el grupo tiene una copia, ella no se siente cómoda teniendo las respuestas del examen y va con el director, él le pide que le indique cómo obtuvo la copia del examen, Adriana no quiere delatar a Gabriela y se niega a contestar, el director la manda suspender y manda que se repita el examen. Resulta que sólo Gabriela tenía el examen porque se lo encontró en el “changarro” de copias que esta frente a la escuela.

Generalmente este tipo de situaciones no se encuentran previstas en un reglamento escolar y se resuelven discrecionalmente según la lógica y las capacidades de las autoridades educativas de las escuelas y, a menudo, se tiende a minimizar el impacto que causan. Pensemos en las consecuencias: Adriana aprendió que es mejor quedarse callada, Gabriela que se puede salir con la suya y el grupo entero que vale más la pena “hacerla” ya que si al final los “cachan” no pasa nada.

Conclusión

El abandono escolar es un fenómeno lógico si analizamos el sistema educativo nacional, construido en otra época para alcanzar objetivos que, en aquel entonces, eran deseables, lo que el país necesita es de personas comprometidas con sus ideas que emprendan proyectos que engrandezcan sus vidas a través de su trabajo, capaces de trabajar en instituciones públicas o privadas, o mejor aún, de crear sus propias empresas y trabajar con ética y pasión.

La deserción escolar es un reflejo del sistema que ha abandonado a los niños y ha desgastado su creatividad y su curiosidad dejándolos, francamente fastidiados. La educación en México es más un juego de constancia y resistencia al sistema más que un desarrollo intelectual o integral, quizá antes de lanzar una nueva campaña “reformadora” que mate a “billetazos” el problema, sería conveniente ver la escuela desde adentro, porque la escuela en México es aburrida, es injusta y no tiene sentido.

Por Gerardo Eugenio Alvarado Hierro / Centro Universitario de Educación a Distancia, A.C. / www.cued.mx

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