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EL IMAGINARIO

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EL IMAGINARIO

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Por Julia María Blanco

alumna del cuarto cuatrimestre de educación

 

Los términos Imaginario e Imaginación formaron parte de la reflexión filosófica y de la poética pasando por el arte, las religiones, los mitos, la psicología y el psicoanálisis. Llegan al campo de las ciencias del hombre en su acepción de quimera, ilusión y símbolo como opuestos al campo de lo material, lo real con el pensamiento cartesiano ciencia e imaginario comienzan a separarse y la posibilidad de conocimiento quedará del lado de la ciencia. El fundamento pasa de Dios a la conciencia. Subsumidas en esta matriz de pensamiento, las ciencias humanas considerarán a las instituciones, los mitos, las creencias y las ideologías como subproductos de las prácticas sociales o meros reflejos de la realidad. Trabajar la noción de Imaginario en el campo citado de lo histórico social implica criticar el pensamiento moderno cuestionando el binarismo esencialista conformado por lo real y lo imaginario.

Las definiciones sobre imaginario van de lo mítico crítico a lo simbólico, pasando por otras dimensiones que refieren los estados de conciencia o inconsciencia. A esto se añade que lo imaginario está asociado a otras complejas categorías teóricas como cultura, sociedad, imaginación e imagen.

El mundo del Hombre es de un orden simbólico y no se piensa ya más la distinción entre materia y significación en términos de oposición. Esta acepción de imaginario se despega también de la concebida en el psicoanálisis, puesto que dentro de la teoría psicoanalítica imaginario refiere a lo especular en cuanto a imagen; imagen reflejada, tributaria entonces del sentido de lo imaginario como ficción. La segunda acepción que definimos como imaginario radical ha sido teorizada por Cornelius Castoriadis.

La idea del imaginario social instituyente parece difícil de aceptar, y esto es comprensible. La imaginación, no podemos aprehenderla con nuestras manos, ni colocarla bajo un microscopio. Sin embargo, todo el mundo acepta que se hable de ella.

Los imaginarios sociales estructuran en cada instante la experiencia social y engendran tanto comportamientos como imágenes “reales”. “Lo que sea creíble” como función de la plausibilidad no se define por la aportación de argumentos ante un público con capacidad de discusión sino por la construcción/desconstrucción de determinados instrumentos de percepción de la realidad social construida como realmente existente.

Los imaginarios actúan más bien en el campo de la plausibilidad o comprensión generalizada de la fuerza de las legitimaciones. Sin determinados imaginarios que hagan creíble los sistemas de racionalización legitimadora, las viejas ideologías o bien son simplemente rechazadas por las mayorías (y se convierte en sociolectos residuales), o bien se mantienen en el puro campo de las ideas reconocidas como valiosas pero que no generan ningún tipo de práctica social o de movimiento susceptible de transformación de los órdenes existentes.

Estudiarlo como ideología implica considerar lo imaginario como discurso pragmático ligado a una institución, por ejemplo política o religiosa. Así mismo, se asocia el concepto de imaginario al de imaginería, la cual estaría constituida por el conjunto de imágenes visuales o iconográficas, imágenes que no son, en sí mismas, elementos de un imaginario social. Como mentalidad, lo imaginario es entendido como una manera de reaccionar en el mundo y en una sociedad determinada. La mentalidad constituye el punto de encuentro de las maneras de pensar, de sentir y de actuar. Como simbólica, se lo entiende como un conjunto de objetos y prácticas metafóricas y alegóricas. Se asocia también con memoria colectiva, es decir, con el recuerdo de cosas pasadas, cuentos y narraciones. Finalmente, la noción de imaginario está relacionada con la Patafísica como ciencia de las soluciones imaginarias, es decir, como una nueva sensibilidad frente a la realidad.

Hablar de ‘los’ imaginarios sobre la formación, la educación, la violencia o el arte en el contexto particular de un grupo social, permite entender múltiples dimensiones sobre lo formativo, lo educativo, lo conflictivo y lo artístico; abre los espacios en los cuales se inscriben las acciones y concepciones de los sujetos. Se trata de localizar unidades de sentido que operan de manera simbólica a través de la repetición de narrativas en múltiples ámbitos individuales, grupales o institucionales. Estas unidades de sentido tienen su origen de manera difusa, produciendo variaciones de enunciabilidad según los focos institucionales, pero a su vez sostienen una misma trama argumental puesto que se trata de un grupo de personas que comparten un espacio-tiempo y unas instancias discursivo-institucionales.

Cada grupo, como cada sujeto, crea su propia identidad, y ésta tiene que ver con un proceso de reconstrucción permanente, pues se trata de un proceso de configuración dinámica, en el que el conjunto de historias particulares, de las voces de sujetos diversos revelan lo colectivo o grupal. Los imaginarios se visibilizan a través de discursos y objetos, a través de prácticas y acciones sobre la realidad.

Lo imaginario brinda la posibilidad de buscar aspectos distintos de lo vivido, así como de otorgárselos: “por medio de lo imaginario se edifican fantasías sociales, irrealidades, destinadas a transfigurar la realidad establecida, a doblar la realidad, por medio del sueño” (Carretero, 2006a:13). Lo imaginario re-crea la realidad, actualiza posibilidades de presencia de lo real; es alternatividad, extiende el horizonte de lo conocido como apertura a lo desconocido posible; lo imaginario “coloniza” lo cotidiano, abre las fronteras del pensamiento más allá de sí mismo.

En este sentido se conecta con la fantasía para instaurar una gramática connatural a los sujetos y a la sociedad. Cada grupo, como cada sujeto, crea y re-crea sus condiciones de posibilidad de existencia; cada grupo, como cada individuo, narra su propia historia, cada historia toca y traspasa la línea de lo ficticio. De este modo, lo imaginario puede entenderse como narración y posibilidad de narración en un grupo (imaginario colectivo) o de un sujeto (imaginario individual). Esto significa que cada institución social construye relatos en los que se imagina y recrea.

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