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El Ruido: ¡ya cállense!

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El Ruido: ¡ya cállense!

Históricamente los grupos humanos han evolucionado de forma distinta, asiéndose de distintos elementos, en un principio encontrados en la naturaleza, y con el tiempo transformando la naturaleza para acomodar a sus necesidades culturales, así, ningún grupo humano es igual a otro a pesar de sus similitudes, cada grupo humano evolucionó de manera distinta y desarrolló productos sociales distintos, tanto materiales como inmateriales.

Al cúmulo de los utensilios, ropa, herramientas, instrumentos musicales, armas y enceres que son desarrollados por un pueblo se le denomina cultura material y es el rasgo más característico de un pueblo, al menos visiblemente, distingue a un grupo humano de otros y le da su identidad única. Bronislaw Malinowski le llamó herencia instrumental, por la manera en la que los adultos del grupo heredan a los más jóvenes su cultura material y éstos últimos la reproducen, y en ocasiones, incluso la mejoran dando origen a nuevos adelantos tecnológicos.

Parte de la cultura material es la música, según Parncutt el origen de la música puede estar ligado a un mecanismo evolutivo de nuestros antepasados. Hace varios cientos de miles de años, cuándo el hombre comenzó a vivir en grupos nómadas, los niños que nacían de forma prematura y requerían de más cuidado y parte de ese cuidado involucraba a la madre del niño confortando con tonos suaves y melodiosos a sus pequeños.

Los demás hombres al escuchar la voz de las mujeres, que gradualmente se fue volviendo más y más aguda, cambiando el registro y tono de los sonidos para ajustarse al oído de sus bebés, crearon tonos y sonidos con sus voces y con cualquier objeto que tuvieran a la mano, creando así, la música. Otros antropólogos establecen que la música está íntimamente relacionada con el desarrollo del lenguaje, a través de comunicación sonora, previa al desarrollo del lenguaje, dónde los sonidos se traducían en órdenes, expresiones y actitudes de un grupo.

Hemos avanzado mucho desde entonces, hemos creado escalas de bellos sonidos y los hemos armonizado para crear sublimes melodías que nos mueven por dentro y nos invitan a cerrar los ojos y sentir el potencial humano en cada nota, hemos avanzado tanto, que la disponibilidad de la tecnología, gracias a la técnicas de manufactura en serie, nos permiten tener un dispositivo o varios, para reproducir nuestra música favorita y somos la única generación capaz de hacer tal afirmación.

Desde que el sonido pudo ser grabado y reproducido, el mundo cambio, ciertamente fue la música quién más provecho ha obtenido de este adelanto tecnológico, de la posibilidad de grabar el arte de una persona o un conjunto de ellas y reproducirlo después. Sin lugar a dudas la música grabada es uno de los más grandes saltos en la historia humana. Cada persona es capaz de reproducir a su artista, grupo o banda preferida sin mayor problema, ¡qué maravilla!, sin embargo, ¿dónde se marca la raya entre la música y el ruido?, porque en este país tenemos una cultura muy permisiva del ruido y no a todos gusta el mismo tipo de música ni toleramos los mismos sonidos.

¿Qué es el ruido?

Se denomina ruido a cualquier sensación auditiva inarticulada que se percibe como desagradable al oído, lo cual es sumamente subjetivo. Habrá a quienes la música de banda o la música de cumbia le parezca una sublime expresión de arte, será así porque habrán crecido escuchándola y porque sus padres, tíos, abuelos y demás familia extendida hayan reafirmado “positivamente” tal asociación, ergo, constituyéndose como una herencia instrumental. Sin embargo, habrá otros, que crecieron en circunstancias y subculturas distintas, que la encuentren absolutamente insoportable.

¿Cómo conciliar gustos distintos?

La belleza en una pieza, melodía o canción es una adecuación de la cultura, que depende del sujeto y su exposición al tipo musical del que se trate, depende de haber sido inculcado, descubierto y, por supuesto reproducido por él. Si bien la belleza es subjetiva, el canon de la belleza, lo agradable a los sentidos, las reglas generales son culturalmente impuestas, la forma específica de lo que es “agradable” dependerá del sujeto que la escuche.

Así, la música más excelsa, de la sinfonía más sublime podría parecer ruido a quién no está acostumbrado a escucharla y no desee escucharla. El rechazo a otro “estilo” de música distinto podría ser interpretado como xenofobia o rechazo a lo “nuevo y/o desconocido”, produciendo en quien escucha la sensación de encontrarse frente a contaminación acústica.

El verdadero problema, entonces, viene de la posibilidad que tiene casi cualquier persona hoy en día para reproducir la música que a él o a ella le agrada, ya sea desde su dispositivo casero de audio, un automóvil, su dispositivo personal, su computadora o el mismo teléfono celular. Aunado al uso de dispositivos de reproducción de música, encontramos cualquier cantidad de dispositivos, herramientas, utensilios y enceres que producen ruido, y todo ese ruido se convierte en contaminación auditiva.

En un mundo ideal bastaría con entender que mi derecho a poner mi música y/o a usar mis herramientas, artefactos y demás, está sujeto a un horario “lógico” y debo respetar el derecho ajeno a la “calma”. Sin embargo, esto no sucede así, desde el carpintero amateur, que a la media noche decidió empezar un proyecto, hasta el ama de casa, que decidió que aspirar la casa en la madrugada es buena idea, la familia que tiene cuatro perros “nerviosos”, o dos gatitos en “celo”. Enfrentémoslo, tenemos vecinos ruidosos o somos personas ruidosas.

¿Qué dice la ley?

En el Distrito Federal existe una ambigua “norma”, al nivel de un reglamento o bando público, que establece sanciones pecuniarias a los emisores de ruido “ambiental” (Artículo 24, Párrafo III, Producir o causar ruidos por cualquier medio que notoriamente atenten contra la tranquilidad o la salud de las personas), que realmente puede incluir cualquiera de los ejemplos antes mencionados.

En el estado de Veracruz se expidió la Ley contra el ruido en 1942, que contempla sanciones anacrónicas y dispersas, para nuestros días, como la detención de un día (para el ruidoso) o la multa, que interpretado al pie de la letra diría que “…a quién haga ruido y se reúse a pagar la multa (máximo 50 pesos) le corresponde un día detenido por cada peso de la multa…”. Obviamente inoperante.

Técnicamente no existe una legislación que señale cuántos decibeles son permitidos y cuántos son prohibidos, qué constituye contaminación auditiva y quién puede o no imponer sanciones o emitir avisos preventivos, porque siendo muy rigurosos en la aplicación y alcances de la ley: “lo que no está prohibido está permitido”, dejando entonces, los menesteres de lidiar con personas “non gratas” que gustan de escuchar música a todo volumen, reparar motores, usar secadoras, aspiradoras y batidoras a “deshoras” en manos de uno, el derecho natural de “la ley del más fuerte” en cuestión de ruido.

¿Qué tan dañino es el ruido?

Existen distintos niveles de afectación a causa del ruido, que dependen de la exposición, número de decibeles, cercanía con la fuente y frecuencia. Por ejemplo, una conversación común alcanza entre 35 y 60 decibeles, que puede ser intrusivo y para algunos, incluso molesto. Una oficina ruidosa, como una autopista puede alcanzar hasta los 80 decibeles, que hace difícil hablar por teléfono y causa molestia. Más de 100 decibeles, como el ruido de un camión urbano, genera dolor de cabeza y estrés. Un concierto de música puede generar entre 110 y 140 decibeles, que en periodos prolongados puede generar daño al oído medio y en casos extremos produce pérdida auditiva parcial o total.

El ruido produce afectaciones fisiológicas después de 100 decibeles, en la mayoría de los casos, la prolongada exposición y cercanía con la fuente generan secuelas, en un principio, y afectaciones permanentes, a la larga. Incluso un estudio de la universidad de Berkley demostró que las personas expuestas al ambiente “antro” durante mucho tiempo, tienden a perder el apetito sexual y a dejar de producir la hormona del crecimiento y en casos extremos tienen un bajo conteo de esperma.

El ruido produce estrés, la exposición a mucho ruido, todo el tiempo, puede derivar en episodios de ira, estrés, depresión, falta de rendimiento y concentración y en raros casos, ataques subsicóticos. Actuando colectivamente, el ruido facilita la generación de estados de pánico al hacer más “susceptible” al organismo a un ataque, ya que todos los sentidos se encuentran atacados.

En personas con historiales de padecimientos cardiacos, el ruido puede generar afectaciones que van desde la arritmia hasta el infarto al miocardio.

Conclusión

1. Nuestra apreciación de lo que es bello, musicalmente hablando depende de nuestro bagaje cultural y social, por lo tanto hay que entender que no a todos nos gusta la misma música. Por favor respete el espacio de otras personas, no use su dispositivo reproductor más alto de lo que se puede mantener una conversación.

2. No existen leyes contra el ruido, sin embargo, es un ataque a los sentidos con consecuencias graves de salud, además de generar estrés innecesario. Por el amor a Dios respete el derecho ajeno a la calma y no use aparatos ruidosos después de las 9 de la noche.

3. Si verdaderamente necesitamos tanto de oír nuestra música hágalo, pero use un dispositivo portátil y use audífonos, asuma que su música no le gusta a todos.

4. Cuide su salud auditiva, el sentido del oído, tan valioso como los demás, es el único que nos permite compartir no sólo ideas, sino hermosa música que nos llena de alegría. Cuide sus oídos.

Por Gerardo Eugenio Alvarado Hierro/ Centro Universitario de Educación a Distancia A.C./ www.cued.mx

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