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La inteligencia emocional

Por Gerardo E. Alvarado Hierro

A menudo ponemos gran énfasis en la inteligencia, como fuente generadora, no sólo de riqueza sino de felicidad. Pero en palabras de Mark Twain: “la gente inteligente sufre más”. Quizá porque la inteligencia es un don más escaso o quizá porque la inteligencia aísla a quien la posee de los demás, quizá porque la inteligencia hace más fácil trivializar lo común y rechazar lo frívolo, descartar lo insignificante y dar sentido al abstracto, quizás…Según algunos científicos modernos es la inteligencia emocional la que es directamente responsable del éxito y la felicidad de una persona, no su inteligencia.

En la época de la comunicación, los avances científicos y prácticos hay más gente deprimida que en ninguna otra época en la historia de la humanidad, según Daniel Goleman, en su libro: Inteligencia emocional (2004), tiene que ver con nuestra inhabilidad para comunicarnos y dar salida a nuestras emociones. Algunos incluso especulan que la ola de enfermedades autoinmunes (cáncer, lupus, etc.) que han azotado a varios países desarrollados en tiempos recientes tiene que ver con emociones reprimidas, encapsuladas y podridas.

¿y entonces quién se inventó la inteligencia emocional?

En 1934 se hablaba de las conductas condicionadas y el científico B.F. Skinner encontró que los mamíferos requerían de una “dosis” de afecto para funcionar eficazmente. Más tarde David Wechsler sugirió que el componente afectivo era indispensable para alcanzar el éxito. Para los años 50 Abraham Maslow propuso un modelo para construir la fortaleza emocional de una persona, sugiriendo así que cualquiera podía desarrollar sus emociones y alcanzar la felicidad.

El debate desde entonces ha estado en determinar qué es más importante ¿inteligencia o inteligencia emocional? A principios de la década de los años 30 Edward Thorndike publicó el concepto de la inteligencia social, originalmente definió el concepto como: “…la habilidad de entender y manejar interacciones eficientes entre personas…”.

La inteligencia emocional se refiere a la habilidad de percibir, controlar y evaluar las emociones. Algunos investigadores sugieren que la inteligencia emocional puede ser aprendida y fortalecida, mientras que otros afirman que es una característica innata de algunas personas. Desde 1990 Salovey & Mayer han estado a la vanguardia en la investigación sobre la inteligencia emocional, su trabajo los ha llevado a dividir a la inteligencia emocional en cuatro ramas:

Percibir emociones, Razonar con emociones, entender emociones y manejar emociones.

Según estos investigadores la percepción de emociones empieza con el comportamiento no verbal, las actitudes que manifiestan nuestros movimientos corpóreos y expresiones faciales. La importancia de estas manifestaciones a menudo ha sido objeto de otros estudios sobre la comunicación humana, Según Salovey & Mayer es una cuestión que se aprende, al inicio por imitación pero que puede también ser reaprendida para que funcione con nosotros y no en nuestra contra.

Razonar con emociones involucra poner atención a la gama de posibles reacciones que el interlocutor puede tener. Tiene que ver con pensar antes de hablar, considerar a la otra persona y considerar lo que puede o no tener un efecto en sus emociones.

Entender emociones tiene muchas implicaciones, por ejemplo se habla de no tomar comentarios o actitudes como algo personal, por otra parte se trata de prestar un ojo atento y observador. Según los investigadores es una habilidad muy difícil de adquirir para algunos, debido a que requiere de “mucha intuición y atención”. Pero sigue siendo una habilidad susceptible de aprender.

Administrar emociones es una de las partes claves de la inteligencia emocional, se trata de regular las emociones, de responder adecuadamente, con asertividad en el grado de importancia que la situación requiera, según Salovey: “…de forma racional, inteligente y considerada…”.

La mejor forma de construir nuestra inteligencia emocional será, entonces, escuchar y observar con interés a las personas que integran nuestras vidas. Quizá el mayor obstáculo sea nuestro propio egoísmo al respecto, la prisa con la que interrumpimos a otros para contar nuestra propia historia, tomando turnos para hablar en vez de escuchar. Todos somos susceptibles de mejorar, el principio de todo es entenderlo y querer hacerlo.

“Todo aprendizaje tiene bases emocionales”

– Platón

Bibliografía

* Bandura, A. (1973). Aggression: A social learning analysis. Englewood cliffs, N.J.: Prentice-Hall.

* Gardner, H. (1993). Multiple intelligences: The theory in practice. New York: Basic Books.

* Skinner, B.F. (1953). Science and human behavior. New York: Macmillan.

* Thorndike, R.L., & Stein, S. (1937). An evaluation of the attempts to measure social intelligence. Psychological Bulletin, 34, 275-285.

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