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Libros de texto gratuitos: eros y thanatos

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Libros de texto gratuitos: eros y thanatos

3 agosto, 2013

La relación de un pueblo con los libros es directamente proporcional a su desarrollo potencial como nación. En México un grupo de intelectuales entendió este simple y poderoso concepto hace casi 60 años y creó un proyecto educativo reformador que retomaría los esfuerzos de quienes crearon la Secretaría de Educación Pública y sentaría las bases del actual modelo educativo nacional.

Antes de los libros de texto gratuitos el mexicano promedio tenía que comprar libros de editoriales particulares, de segunda mano, si podía pagarlos, o pedirlos prestados en bibliotecas. El salario promedio de un trabajador mexicano entonces (1940´s) alcanzaba aún menos que un salario mínimo en la actualidad, cabe mencionar que aún no existía un salario mínimo en el país y los sueldos se determinaban por una simple operación de oferta y demanda.

A principios de los años cuarenta México entraba de puntillas a la modernidad y se gestaba lentamente el “milagro mexicano”. El mundo terminaba un conflicto bélico (la segunda guerra mundial) que había cambiado el panorama económico, político y social del escenario internacional. Miguel Alemán Valdez era electo presidente para el periodo 1946-1952 y con él se inició la reforma educativa más importante de la historia moderna de México.

Había sido designado como Secretario de Educación Pública Jaime Torres Bodet, intelectual, poeta y diplomático, al inicio de su gestión creaba el instituto de capacitación del magisterio, reorganizaba la comisión de planes y programas de estudio, además daba inicio a la Biblioteca Enciclopédica Popular como Secretario de Educación Pública. Torres Bodet incursionó en uno de los aspectos más relevantes y al mismo tiempo más olvidados de la educación: La planeación.

Haría buena mancuerna con el presidente Alemán y fomentaría la creación de nuevas escuelas donde antes habría sido impensable construirlas, desarrollo el concepto de la escuela normal superior y durante el sexenio de concentraría en resolver el principal problema de México, en aquel entonces, el alto índice de analfabetismo nacional. Podría decirse que acercó la escuela a la gente, capacitó profesores y dignificó su función, sin embargo, aún no era suficiente. No es claro que abrió los ojos de Torres Bodet hacia otro de los grandes problemas de México: La gente no puede comprar libros para estudiar.

Acabado el sexenio de Miguel Alemán, Torres Bodet emprendió otros proyectos (fue director general de la UNESCO y embajador de México en Francia 1954-58), al impulso reformador le quedaba algo de “momentum”, pero faltaba la visión de un secretario comprometido y conocedor de las realidades del paradigma educativo nacional. En términos de educación el sexenio de Adolfo Ruíz Cortines fue tan gris como el personaje, en materia económica, sin embargo, Ruíz Cortines realizó una labor loable, eliminando, en la medida de lo posible, los vicios heredados de otros periodos como gastar más de lo que se tenía.

“…vivir fuera del presupuesto es vivir en el error…” – Adolfo Ruiz Cortines (Presidente de México 1952-1958)

Para 1958 terminaba el mandato de Ruíz Cortines y daba inicio la presidencia de Adolfo López Mateos (1958-1964), una de las primeras y más astutas jugadas del recién electo presidente fue traer de vuelta a Jaime Torres Bodet, quien regresó con nuevas ideas y con un plan de once años para cambiarle la cara a la educación en México, trajo a bordo a la distinguida economista Ifigenia Martínez y al cabo de unos meses fundó la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos (Febrero 12 de 1959).

“…poco pueden hacer la escuela por los niños si sus padres no tienen recursos para comprarles libros de texto…”.

– Adolfo López Mateos (Presidente de México 1958-1964)

La Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos (CONALITEG)

Desde el día que se anunció su creación iniciaron las especulaciones y la duda: ¿quién recibiría los libros de texto gratuitos?, porque había, al igual que hoy, una diferencia muy marcada entre los alumnos de escuelas públicas y privadas. Las voces no tardaron en dejarse escuchar, “los libros serán para quienes no pueden pagarlos”. En una respuesta mesurada y lógica, el Presidente declaró públicamente que los libros serían para todos, porque la visión de López Mateos y Torres Bodet era que cada niño tuviera todo el material y pudiera estudiar.

El encargado de hacer que los libros de texto se convirtieran en realidad fue el célebre periodista Martín Luis Guzmán, quien habría ganado el premio nacional de literatura el año anterior (1958). Durante los siguientes meses se editarían 19 títulos para alumnos de primaria y dos para profesores, las portadas de los libros reflejarían el nacionalismo que se pretendía infundir en la comisión, al mostrar litografías de artistas plásticos mexicanos como Siqueiros, Montenegro, Rivera, etc.

Para finales delos años 50 los esfuerzos de Torres Bodet, López Mateos y Luis Guzmán habían rendido frutos, la CONALITEG estaba consolidada y era una institución al servicio de los mexicanos y la columna vertebral de la educación básica en el país. Por muchos años más los únicos libros en los hogares de millones de mexicanos fueron los libros de texto gratuitos. Para 1966 la CONALITEG editaba libros en sistema braille y 8 de cada 10 niños mexicanos tenían acceso a ellos.

El plan de once años de Torres Bodet dio casi todos los frutos esperados, sin embargo, como a menudo sucede en este país, una vez que terminó el sexenio los objetivos cambiaron. Martín Luis Guzmán, un intelectual incansable, metódico y un hombre íntegro, continuó con su trabajo en la comisión hasta su muerte en 1976, para entonces la institución a su cargo editaba 133 títulos para alumnos y 43 para profesores.

Las críticas a los libros de texto gratuitos

La idea de homologar los contenidos, estructurados por un panel de expertos en un paradigma completamente distinto del que viven los niños, es cuestionable. El uso de un libro de texto como herramienta fundamental para la impartición de clase convierte a cualquier clase en una clase aburrida, tanto para el alumno como para el profesor, el involucramiento del estado en la designación de los titulares de la CONALITEG ha contribuido a eliminar “verdades incomodas” y temas controversiales de los contenidos, generando una política pública mutilada.

Los educadores saben que no todos los niños aprenden del mismo modo, ni al mismo ritmo, un ser humano aprende lo que le llama la atención y le interesa. Por desgracia los libros de texto para las nuevas generaciones son un símbolo de un sistema anacrónico desvinculado con la realidad que vive. A menudo los titulares de la comisión, los editores de los libros de texto y los secretarios de educación pública no han tenido la experiencia o el perfil para asumir el encargo, contribuyendo al desprestigio y el desuso de los libros de texto gratuitos por parte de las escuelas.

Del lado de los educadores, los libros presentan el reto de no estar ajustados a las necesidades particulares de sus grupos, por lo que depende de cada profesor (a) subsanar los huecos y darle sentido a los contenidos. Lo que, más que contribuir a la formación de los alumnos, confunde, desalienta y fastidia.

Desde sus inicios ha habido temas “controvertidos” que los libros de texto gratuitos no abordan o abordan a medias, ya sea por afectar a los intereses políticos detrás de la comisión o por “fomentar” conductas inapropiadas. Pensemos en la educación sexual en este país, es un mar de ignorancia, los varones, estadísticamente, aprenden de sexualidad a través de publicaciones y vídeos pornográficos o de lo poco que saben sus “amiguitos” respecto del tema y en contados casos a través de la información que pueden obtener de sus padres.

La situación para las mujeres es aún más inconsistente, generalmente se trata de información escueta de madre a hija, información de “amiguitas” y mucha suerte. A quién sorprende que existan tantos embarazos adolescentes en este país en pleno siglo XX, cuando no hemos dado a nuestros niños las herramientas para decidir y planear sus vidas.

La OCDE considera que los libros de texto gratuitos abarcan una gama de contenidos “innecesarios” y no ahondan en temas de importancia para el desarrollo de los niños como el pensamiento matemático que según el organismo: “…denota un claro atraso en la planeación…”. En la parte de los contenidos históricos en 2009 los libros de texto gratuitos omitieron la conquista y cerca de 300 años de historia, el motivo nunca fue del todo claro, aunque se subsanó para la siguiente edición, en parte.

Temas como la batalla del Álamo, la invasión estadounidense y los niños héroes se enseñan envelados en el mito y la minimización, ¿a quién sorprende que los mexicanos crean que Santa Anna es el peor traidor de la historia?, ¿La mitificación de los niños héroes realmente contribuye al desarrollo de nuestra identidad nacional?, porque un claro efecto del reduccionismo histórico es la creencia popular de que estados unidos conspira para quedarse con todo y tenernos en el atraso.

Los dineros

Desde sus inicios la CONALITEG debió surtir pedidos gigantescos usando su propia infraestructura, una colosal labor considerando los términos para surtir la demanda de libros, por lo que en ocasiones se subrogó la impresión a particulares para completar los pedidos. A finales de los años 70 los pedidos aumentaban, así como la oferta de libros de la comisión y, del mismo modo, el organismo delegó aún más a los particulares. Para finales de los noventa los secretarios de educación pública habían entendido el “negocito”, delegar significa que los impresores se “mochan”.

Durante el sexenio de Vicente Fox se continuó con el esfuerzo “delegador”, la producción creció, decían, es necesario abastecer la creciente demanda, decían. Lo que no decían es que el presunto aumento de la demanda de libros de texto gratuitos generó sobreproducción y, podemos imaginarnos, una sobre “mochada”.

La comisión de libros de texto gratuitos hoy

177 errores que deberán ser subsanados en las aulas, porque los libros ya salieron, anacronismos, reduccionismos y la mayor producción de libros de texto gratuitos de la historia han transformado a una política pública funcional, reformadora (en su tiempo) y en favor del progreso, en una institución célebre por su ineficacia, su cuestionable ética y, por desgracia, su cuestionable utilidad.

El paradigma educativo cambió hace mucho tiempo, es innegable, no vivimos las mismas circunstancias que se vivían en 1958, 55 años después no podemos seguir educando basados en una política que fue, en su tiempo, útil y ya no lo es. El equivalente de poner un libro de texto gratuito en las manos de un niño, hoy en día, es darle a todos bicicletas, cuando algunos no las saben usar, otros no las quieren usar y otros no las pueden usar.

Perspectivas

Quizá el principal eje de esta discusión, como en muchos otros temas de interés nacional, es fijar el objetivo, teniendo en cuenta la realidad y los medios que, más lógicamente, puedan coadyuvar en transformar esfuerzos en resultados. Existen cerca de 5 millones de analfabetas en este país, ¡en pleno siglo XXI!, existe una total desigualdad en la distribución de la riqueza y oportunidades, porque hace tiempo no existe un genuino interés por cambiar el sistema y sacudirlo desde sus raíces.

La verdadera oscuridad se manifiesta cuando aquellos que pueden hacer el cambio no pueden (o no quieren) y aquellos que quieren no saben cómo hacerlo y vivimos en tiempos oscuros en materia educativa.

Por Gerardo Eugenio Alvarado Hierro / Centro Universitario de Educación a Distancia, A.C. / www.cued.mx

Bibliografía

http://www.excelsior.com.mx/nacional/2013/07/30/911286

http://tumbi.crefal.edu.mx/rieda/images/rieda-2002-especial/carta1.pdf

http://www.sinembargo.mx/13-02-2012/148509

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