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Los efectos nocivos de la idea de progreso

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Los efectos nocivos de la idea de progreso

Thomas Kuhn, advirtió que un paradigma sólo puede ser sustituido por otro, lo cual enunciaba que una realidad deja de ser el arquetipo de validez en cuanto la sustitución de esta se presenta. El cuestionamiento de fondo estriba en torno al ¿por qué la vigencia de una realidad no es perenne?, la respuesta lineal podría generarse a través de la percepción del cambio, incluido el sentido del cambio social.

La respuesta la había plasmado la dialéctica socrática, empero, la dialéctica fue acotada a través de las contradicciones de la materia por Marx, sólo que esta vez, adquirió un sentido de ideologización histórica; así, el materialismo histórico revelaba el enfrentamiento de los hombres y las formas de explotación a través del capitalismo.

Dos ideas se oponían, el hombre frente a la construcción social y, la producción y sus relaciones sociales como fuente de explotación humana. El trazo de la conciliación entre progreso social y expansión maquinista y de la producción en serie se volvieron incompatibles; el mundo se polarizó y la ciencia también, ese fue el final del positivismo. En otras palabras, la ciencia no implicaba una realidad contemplativa ni siquiera en términos de conciencia social, por el contrario, la ciencia era una expresión de la conciencia y le pertenecía a los grupos que la desplegaban.

Pero, sí la ciencia y los conocimientos que se desplegaban reproducían el modelo ideológico de quienes la dominaban, ¿cómo se podía plantear una idea de progreso válida para el todo social?, la cuestión no pudo ser resulta por dos planos sociales; el primero axiológico, no hay ciencia sin moralización aparente; el segundo, la ciencia al no ser contemplativa siempre es interpretativa, responde al interés de transformación-control de un grupo de interés.

Sigmund Freud, comprendió el fenómeno desde el desencuentro humano, no desde la concordia; el progreso traducido en ciencia aplicada no podía controlar los efectos sociales y los efectos sociales erosionaban las estructuras sociales, desde la familia hasta los convencionalismos. El ejemplo nítido de lo que Freud planteó fue la guerra, la ciencia aplicada podía servir para aniquilar al hombre. Sí lo verificamos en nuestros días, los usos de las redes sociales generan máscaras sociológicas, muchas personas siguen a otras tras el velo de la empatía, pero ello puede implicar desde engaños hasta el plagio social.

En consecuencia, la idea de progreso, admitida bajo un arquetipo de bienestar, se ha ido degradando a través de la degradación de la voluntad y la conciencia humana; los daños a la ecología y su transversalidad humana, la noción de bienestar en términos del mercado, incluida la externalización con sus efectos no controlables, la educación en términos del utilitarismo de la sobrevivencia humana y los monstruos que genera el dogma científico, son signos y síntomas de la descomposición de una idea que nunca fue explorada e sus impactos, el progreso.

La utopía parece ser la esperanza de lo realizable, a diferencia de su raíz filológica, la ciencia se encargó de hacer de la utopía la concreción de las abstracciones y anhelos sociales; en otras palabras, sí se podía imaginar, se podía crear. Da Vinci fue la muestra empírica traducida en el helicóptero, los estudios regenerativos de anatomía e incluso en las condiciones de dominio social. El progreso denota que la utopía es un planteamiento realizable, sólo hay que aguardar a que el ánimo científico camine la ruta cierta y entonces se convierte en realidad.

Pero, volvamos a Kuhn; un paradigma sólo puede ser sustituido por otro, pero ello no implica una camisa de fuerza a la hora de trazar la tipificación del nuevo paradigma, lo cual admite que el método científico no puede ser tan rígido que no permita hacer de la exploración una aventura expresa; parece, que en el ánimo social todo se reduce a lo probatorio y no a la variedad de caminos para explorar, ese es el dilema de la ciencia y desde luego uno de los efectos nocivos de la idea de progreso.

El progreso identificado en nuestro días señala casi de manera invariable al “resultado”, como la potestad probatoria; algo es exitoso cuando su resultado es socialmente aceptado a nivel científico, cuando una maquina hace otra máquina es un robot y cuando una maquina no presenta resultado es obsolescencia.

Un último proceso de la idea de progreso es su sentido utilitarista; un conocimiento es útil en nuestros días cuando se vuelve criterio de causalidad de mercado, por lo que aquello que no se puede vender, es inútil, hasta la poesía ha tenido que remar contra la corriente ante esto.

La discusión última estriba en el sentido de ciencia con conciencia, esta es una ruta espuria, porque la conciencia no es susceptible a la sistematización científica, sin embargo lo social parece querer empatar con sentido axiológico lo que no puede mezclarse, necesariamente; Max Weber, lo ejemplificó ampliamente en su obra “El político y el científico”.

Admitamos pero repensemos, la idea de progreso no es sinónimo de bienestar social. Se hace ciencia con propósito, pero el control de lo hecho la mayor parte de las veces escapa al dominio de los científicos, esto abre la discusión de que la ciencia como planteamiento humano está sujeta como los seres humanos a los intereses de espacio-tiempo que son controlados por grupos de interés.

Por Dr. Carlos P. Barra Moulain / Centro Universitario de Educación a Distancia / www.cued.mx

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