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Nacionalismo y petróleo para el México del siglo XXI

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Nacionalismo y petróleo para el México del siglo XXI

Nacionalismo para el siglo XXI

El nacionalismo podría entenderse como la identidad cultural de un grupo humano, sustentada en la libertad y la soberanía, idealmente hablando, el nacionalismo sería una ideología que galvaniza al grupo y lo conmina a luchar por un fin común, el bienestar del estado; sin embargo, el nacionalismo del siglo XXI parece más un estratagema político que confunde y reafirma autoritarismos.

Haciendo historia…

Determinar el origen del nacionalismo es un ejercicio complejo, podría argumentarse que el surgimiento de la confederación suiza en 1291 marca el primer ejemplo de un estado occidental, con una población, representada por un gobierno, asentados en un territorio, regida por una ley valida únicamente dentro del territorio, actuando de forma independiente de otros grupos, decidiendo su propio destino (soberanos).

Algunos otros, más conservadores, podrían argumentar que el tratado de Westfalia, que marca el fin de un periodo de guerra entre España, Alemania (reinos independientes) y los países bajos de 1648 representa el inicio del nacionalismo, un nacionalismo sustentado en la supremacía colonialista, al otro lado del mundo, en Asía, aparecían formas sui generis de nacionalismo que basados en su supremacía optaban por la xenofobia y el aislamiento.

El nacionalismo surgió como un concepto elitista reservado para la aristocracia endogámica hasta bien entrado el siglo XVIII cuando la revolución francesa llevó el orgullo nacional al pueblo. Sin embargo, pensadores como Ernst Gellner sostienen que el nacionalismo “…no es el despertar de las naciones hacia su consciencia propia, sino inventar naciones dónde no las hay…”.

El advenimiento de la primera guerra mundial está íntimamente ligado al profundo sentido nacionalista que imperaba en la época, un sentido etnocentrista producto de la ignorancia y las campañas educativas o propagandísticas estatales. Anderson considera que la divulgación de información en forma masiva y el concepto de movilidad social son piezas clave para gestar un nacionalismo.

Para otros pensadores los nacionalismos sustituyen el colonialismo expansionista europeo por estados, en toda la extensión de la palabra, aunque no todos los estados fueron fundados iguales ni administrados iguales. El descolonialismo de mediados y finales del siglo XX generó una disociación entre la población civil y las autoridades estatales, que más que alcanzar la legitimidad por la vía democrática lo hicieron por otros medios.

Si bien estamos generalizando, es importante soslayar que el nacionalismo no es sinónimo de unidad, como el estado no es sinónimo de democracia. En palabras de George Orwell:

“…el nacionalismo es el hambre de poder templada por el autoengaño…”.

Nacionalismo Mexicano

El nacionalismo mexicano es la yuxtaposición de dos periodos históricos tremendamente mal entendidos, la independencia y la revolución mexicana, construidos en el imaginario popular a través de símbolos que sustituyen el nacionalismo criollo por un nacionalismo ecléctico que rescata las partes “convenientes” de nuestro pasado indígena y al mismo tiempo las fusiona con las partes “menos inconvenientes” de la conquista.

El nacionalismo independentista mexicano es representado por figuras como Hidalgo, Morelos, Domínguez, etc. Héroes que se sacrificaron por la patria, que envelados en el mito y el reduccionismo histórico sirven al mismo propósito generar un fervor patriótico.

“…el patriotismo es la convicción de que tu país es superior a todos los demás simplemente porque naciste en él…”. – George Bernard Shaw

El corporativismo estatal del siglo XX en México que surgió con el juego de los partidos políticos ha utilizado en nacionalismo revolucionario y posteriormente el ardid institucionalizador, como símbolo de la “mexicanidad”. Lo que en papel debería ser un nacionalismo liberal sustentado en la voluntad general y la existencia del estado de derecho, es al más puro estilo mexicano, una simulación.

El estilo nacionalista mexicano en praxis es más parecido a un nacionalismo centrífugo, que lejos de integrar o unificar, desintegra. El nacionalismo mexicano tiene intereses particulares al servicio de grupos elitistas que representan una minoría nacional y el mexicano promedio en este contexto constituye un rebelde obediente que somete su conformidad, porque en la mente del mexicano, como lo planteó Anderson, existe la percepción de que quizá un día los beneficios de este sistema simulador le puedan alcanzar y lo saquen del abismo de la cotidianidad y la pobreza.

Nacionalismo y petróleo

Asumir una postura nacionalista frente a la explotación de hidrocarburos significa construir una muralla alrededor del estado y aislarlo, no era una política práctica hace 50 años, como no lo es ahora. Es un hecho que el estado mexicano ha sido rebasado, hace mucho tiempo, en sus capacidades de generación de riqueza a través de la explotación de hidrocarburos. Sin embargo, derribar los muros e insertarse en el juego “global” acarrea riesgos tanto como podría traer beneficios.

Tomando en cuenta la colorida historia de México cuando se han fragmentado los monopolios estatales, habría que presentar, vis avis, las pretensiones del estado y la voluntad ciudadana porque el tema del petróleo en este país es, quizá, uno de los únicos momentos, en la historia de México, en el que la población civil se galvanizó en una sola voz patriótica por un objetivo común, uno que hace tiempo quedó olvidado.

“…El verdadero patriotismo odia a la injusticia…”. – Clarence Darrow

El tema requiere de un análisis que vaya más allá del fervor nacionalista y más allá de la verborrea política, el bienestar de una joven nación está de por medio, así como el de millones de mexicanos. Si la historia nos ha enseñado algo es que cambiar un tirano por una docena acarrea consecuencias que resuenan por décadas.

El debate del nacionalismo debe adoptar su justa dimensión en aras del progreso, el panorama mundial ha cambiado y ante este nuevo paradigma habrá que asumir que el verdadero sentido del nacionalismo liberal, al que aspiramos, merece más que sólo una discusión a puerta cerrada entre las elites desvinculadas con la realidad y la cotidianidad mexicana.

– Por Gerardo Eugenio Alvarado Hierro / Centro Universitario de Educación a Distancia / www.cued.mx

mydeic@gmail.com

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