Universidad 100%
en Línea
Universidad Mexicana en Línea – CUED

"Estudia en línea y cambia tu vida"

Todo lo sólido se desvanece en el aire

Usted está en: Inicio > Blog > Todo lo sólido se desvanece en el aire
Número de visitas: 803
Todo lo sólido se desvanece en el aire

Karl Marx,  percibió que la dialéctica social impide la posibilidad de edificar relaciones humanas perennes, ello, porque las sociedades y en particular las relaciones humanas presentan una serie de contradicciones que generan diversas formas de entender y asumir la realidad, en ello radica la contradicción dialéctica.

Empero, la dialéctica marxista se insertó en la discusión de fondo sobre la ideología, como un reflejo de la realidad, en donde las relaciones sociales admitían una serie de encuentros y desencuentros que se movían desde las cuestiones económicas hasta las culturales y viceversa. De esta forma, percibió que el sistema de producción y sus relaciones sociales de producción, no podían mantenerse ni custodiarse, sino se generaban cuestiones ideológicas para encausar la realidad.

El problema de fondo parecía tener que ver con la ideología, la percepción de la realidad que hacía que los sujetos sociales estuvieran inmersos en un rol histórico; esto suscitó en Marx  una discusión-planteamiento de fondo, ¿Cuál era en tránsito para evaluar una conciencia como portadora de un cambio social que buscara la equidad fáctica y de jure?, Marx visualizó dos campos claros: La conciencia del en-sí y la conciencia del para-sí.

La consciencia del en-sí, era el basamento o piel primaria de un sujeto social que le permite – sí se permite la expresión desde Vygotsky-, asumir desde la concreción hasta lo abstracto que es parte del mundo; mientras que la conciencia del para-sí, entraba en el campo puro de la ideología desde la perspectiva del rol o papel de clase. En este sentido, la conciencia del para-sí, hacía que el sujeto social tomara una postura social frente a la vida y pudiera actuar en consecuencia.

 En Marx, es claro el deseo de que la conciencia del para-sí, se perfile en un ámbito de la cientificidad del pensamiento socialista, que permita crear una sociedad con mayores tintes de equidad, fundada en protocolos claros de acción legal que incidan en lo que denominó la dialéctica social; por lo tanto, una sociedad que da el paso de la conciencia en en-sí al para-sí, debe ser capaz de crear los mecanismos legales y sociales en general para resignificar a la humanidad en un cambio que haga perfectible las oportunidades del desarrollo humano.

En esta tesis, aparece en el pensamiento marxista, la idea central de la interacción entre estructura y superestructura, en donde las condiciones económicas e ideológico-sociales, pueden y deben ser encausadas para generar el equilibrio de una sociedad de oportunidades; es aquí, donde la crítica a la contradicción básica del capitalismos que señala Marx en torno a que “mientras la producción tiene un carácter social, la ganancia lo tiene a nivel privado”, genera el desprendimiento de la crítica econométrica hacia la obtención de plusvalía.

El planteamiento sobre la plusvalía, generará en el primer tomo del “Capital” o “Crítica a la Economía Política Clásica”, una disertación sobre el trayecto de la producción-mercancía, perfilará al tiempo,  la Teoría del Valor en Marx, que en el fondo, critica a Adam Smith; pero por sobre todas las cosas, advierte la discusión central de la ideología desde la conexión entre estructura y superestructura, cuestión fundamental para entender lo que Marx expresa como explotación del hombre por el hombre.

En este campo de crítica científica, es donde Marx se adelanta a Zigmunt Bauman, ante el dilema de lo que este último señala como “sociedad liquida”, cuestión fundamental cuando Marx, había apreciado las inconsistencias de las sociedades capitalistas y precisó “Todo lo sólido se desvanece en el aire”; ello, desde el materialismo dialectico, plasmó un hecho demoledor, la desigualdad social no se debía a que por selección natural o divina, existían individuos y sociedades más aptas que otras, esto crea en el pensamiento marxista un paradigma desde las condiciones estructurales y superestructurales, advirtiendo que las contradicciones sociales pueden ser menores sí desde la ciencia se crean los instrumentos para promover la equidad y oportunidad social.

Marx a la postre, será interpretado por los países que integraron la órbita socialista, mientras el modelo socialista de laboratorio social será impugnado por las economías capitalistas desde el mismo principio del marxismo sólo que invertido para hablar de la competencia humana, el capitalismo y su ideología dinámica basada en la competencia de mercado.

Así, mientras el paradigma socialista admitía que se debían rescatar valores humanos como la equidad real de los sujetos sociales, la ponderación de sus capacidades a sus necesidades, la ciencia como liberadora de la explotación de mercado; el paradigma capitalista admitía como valor fundamental del hombre la libertad a precios de mercado, la capacidad humana para competir y administrar el consumo, a la ciencia como portadora de desarrollo industrial.

En el fondo, ambos planteamientos visualizaban que para garantizar el modelo de su modo de producción, había que dar la batalla en el campo de la ideología, entonces, la superestructura se convertía en la vanguardia de un sistema económico, pero mucho más importante, de su preservación y reproducción hegemónica.

En estos términos, la ideología en el siglo XX se convirtió en una bandera o pabellón de la discordia, no se trataba sólo de una postura social, sino que hacía de los social la esencia de las pretensiones ideológicas de los estados, el velo de las ideas encubría la posibilidad de elección inmediata de los sujetos sociales, quienes eran incorporados a una maquinaria alienante que sembró los campos de batalla en Europa desde la Primera y Segunda Guerra Mundial, hasta el aparente desmembramiento del bloque socialista.

Pero algo probó el sustento ideológico de la sociedad y de la propia ideología, que era tan endeble y erosionable como lo que pretendía no ser, al grado que las sociedades lo mismos caían en el fascismo que en el liberalismo, en el consumo superfluo que en la preservación ecologista; había llegado el tiempo de la sociedad liquida y la posibilidad de pensar en que las estructuras sociales, no permanecen inalterables porque finalmente, todo lo sólido se desvanece en el aire.

Dr. Carlos Barra Moulain

Catedrático del Centro Universitario de Educación a Distancia, A.C.

Referencias

ALMOND, G.A. y S. VERBA (1963): The Civic Culture. Princenton. University Press.

BERMAN, Marshall (1988): Todo lo sólido se desvanece en el aire, Siglo Veintiuno Editores, México (primera edición en inglés: 1982).

CERTEAU, Michel de (1980): La invención de lo cotidiano, Universidad Iberoamericana, México.

CUED

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Loading Facebook Comments ...